Viajar a Japón es entrar en un territorio donde la cultura de la hospitalidad y la armonía se expresan en cada gesto cotidiano. Nuestra filosofía de viaje se inspira en esa unión: un modo de recorrer el mundo que es, al mismo tiempo, práctica espiritual y experiencia cultural.
En los templos, en los senderos de peregrinación y en los jardines japoneses, descubrimos que viajar es meditación en movimiento.
El budismo nos enseña la impermanencia (無常, mujō): cada instante del viaje es único y no se repetirá.
La práctica de la atención plena (念, nen) nos invita a contemplar lo sencillo: el sonido del agua, el aroma del incienso..
Respeto (礼, rei): cada encuentro es un acto de reverencia hacia el otro.
Armonía (和, wa): viajar es integrarse en el ritmo de la comunidad y la naturaleza.
Sencillez (侘寂, wabi-sabi): lo imperfecto y efímero se convierten en belleza que transforma nuestra mirada.
El viaje se convierte en un dō (道, camino), como en las artes tradicionales japonesas:
茶道 (Sadō) – el camino del té, donde cada gesto es ceremonia.
書道 (Shodō) – el camino de la escritura, donde cada trazo refleja el espíritu.
剣道 (Kendō) – el camino de la espada, donde disciplina y conciencia se unen.
Así entendemos el viaje: como un camino de transformación, donde la cultura japonesa y su espiritualidad nos enseñan a vivir con más profundidad y serenidad.