
Hoy emprendí un viaje en busca de uno de los Budas más bellos y escondidos dentro del monte Nokogiriyama, en la prefectura de Chiba, Japón. Para llegar allí tomé un ferry desde Tokio, una experiencia completamente nueva para mí. Era la primera vez que viajaba en un barco de este tipo y, con la emoción del momento, mi atención se agudizó. Redescubrí la sensación de vértigo provocada por la mezcla de velocidad y el vaivén de las olas, y hubo instantes en los que la travesía se sintió como volar sobre el mar.
Un antiguo adagio budista nos recuerda que todo tiene la naturaleza de Buda. Sin embargo, la certeza florece únicamente cuando miramos hacia dentro. Aquellos que encuentran esa gran isla de refugio disuelven la noción de lo externo y lo interno, percibiendo ambos como uno solo. En esa realidad de la vida, viajar significa salir y entrar al mismo tiempo, aunque, mirándolo mejor, no es ni lo uno ni lo otro. Pensar demasiado puede acercarnos, pero la verdadera evidencia surge en el silencio.
Hoy resulta sencillo desplazarse de un lugar a otro con calma y comodidad. Recordé entonces a Kukai, el gran maestro japonés, quien en su tiempo arriesgó la vida viajando desde Japón hasta China en busca del Dharma y la transmisión de las enseñanzas budistas.
Encuentro una dulce satisfacción en dar gracias en silencio a cada ser que participa y contribuye en la dirección de mi camino: desde el conductor del tren en su cabina, a quien no veo, hasta el capitán del barco que hace posible llegar al destino.
Y finalmente en el verano del 2022 pude visitar el Daibutsu de 31 metros (Gran Buda), tallado directamente en la montaña en 1790 junto con más de 1500 pequeñas estatuas que rodean el área. La serenidad y dulzura de sus ojos transmiten una paz especial que cautiva a cada visitante.
Este imponente Buda es una representación de Yakushi Nyorai, el Buda de la Medicina, considerado en la tradición budista como dispensador de sanación frente al apego, la aversión y la ilusión. Estos tres “venenos” son vistos en los sistemas de sanación holística como la raíz de las enfermedades, cuyo origen se encuentra en la mente.
Aunque esta escultura es el doble de grande que el famoso Buda de Kamakura, sigue siendo desconocida para gran parte de los turistas internacionales.
Desde Tokio, se puede realizar una excursión de un día que combina barco, teleférico y finalmente una ruta de montaña para llegar al templo, perfectamente integrado en la naturaleza. La experiencia merece totalmente la pena, y quienes valoran la acumulación de méritos espirituales encontrarán en este recorrido un viaje aún más significativo.
Kouken 高健


