
No necesitas compararte con nadie.
Cada uno de nosotros comparte el mismo sustrato esencial: el deseo de ser felices y evitar el sufrimiento. Este ideal no es exclusivo de los seres humanos, también lo comparten los animales. En la búsqueda de la felicidad, cada persona, según sus experiencias pasadas y la influencia del entorno social, desarrolla diferentes convicciones sobre cómo alcanzar ese “santo grial”. Para muchos, la vida se percibe como un recorrido por una cueva incierta en la que no queda otra opción que seguir caminando.
Cada paso que damos revela múltiples caminos: algunos resbaladizos, otros sorprendentes, arriesgados, y también existen espacios refrescantes de renovación de energía. Todas nuestras acciones, conscientes o inconscientes, manifiestan esta búsqueda de encontrar, sostener el cáliz y beber la alegría de la satisfacción. Que lo logremos o no depende de la calidad de nuestra motivación.
La diversidad de opiniones sobre cómo hallar el tesoro de la felicidad es tan amplia como la forma en que cada uno la concibe. Siempre que se respete el bienestar de los demás, las diferencias en las perspectivas no deberían ser motivo de separación, pues en esencia todos estamos en el mismo camino, aunque cada uno lo recorra de manera única y singular.
Así como Indiana Jones en Petra tuvo que elegir el cáliz correcto, nosotros también debemos ser claros al escoger qué pasos y acciones tomar para alcanzar una mayor plenitud. En las enseñanzas del Buda, se nos anima a examinar el grado de satisfacción al que aspiramos: si solo buscamos una felicidad limitada a nuestra propia vida, ese será el resultado; pero si ampliamos nuestros propósitos hacia un rango mayor de seres y vidas, la consecuencia será un contento mucho más profundo y duradero.