
Cuando se trata de transformar la mente o conectar con tu innata naturaleza búdica, muchos meditadores suelen decir: “¡No hace falta irse a una cueva para lograrlo!”. Y tienen razón: no es necesario aislarse para despertar tu interior. Al igual que los títulos o las decoraciones externas, nada de eso te hará superior. Lo que realmente marca la diferencia es la grandeza de tu corazón y la profundidad de tu visión.
Sin embargo, si queremos ser justos con la tradición, debemos recordar que grandes maestros como Bodhidharma, fundador del Zen, o Kūkai, impulsor del Vajrayana en Japón, encontraron la apertura de su ojo de la sabiduría retirándose en lugares remotos, apartados del contacto humano. En la quietud del silencio hallaron lo que buscaban.
Por eso, si alguna vez las condiciones te lo permiten, realizar un retiro espiritual en Japón, rodeado de templos, montañas y naturaleza, puede ser una experiencia profundamente transformadora. Ya sea en los bosques de Nara, en los templos del Monte Kōya o en la serenidad de un monasterio zen, la soledad y el recogimiento pueden convertirse en aliados de tu evolución interior.